¿Qué dicen las estrellas del romance entre Trump, el visionario, y Stephen Miller, el ejecutor?
En
vínculo." data-link-track-dtm="">su primera campaña política, cuando se presentó como candidato al consejo estudiantil de su instituto, Santa Monica High, Stephen Miller ya reivindicaba el derecho a tirar basura al suelo y a tener Estados Unidos para los “solo estadounidenses al 100%”. Salvo por la mata de pelo, claramente el mismo Miller ha sustituido a Steve Bannon, Elon Musk, Jared Kushner y hasta a los propios hijos en el corazón de Donald Trump. “El presidente adora a Steven”, ha dicho la secretaria de prensa y segunda favorita, Karoline Leavitt. ¿Qué será lo que le da?
Es evidente que comparten aficiones. Los dos son apasionados de las fronteras, especialmente de amurallar las propias e invadir las de otros. Ambos creen que todos los Clinton deberían ir a la cárcel y que el Partido Demócrata es una asociación de extrema izquierda cuya única ambición es corromper Estados Unidos con sus perreos latinos, sus asados veganos, sus manifestaciones antifascistas y sus conciertos masivos de Taylor Swift. Los dos odian la inmigración irregular, regular y a todo aquel que no sea un jeque árabe, una modelo checa, un ingeniero coreano, o un afrikaan rubio como las rubias praderas de Kansas en agosto. Los dos consideran una afrenta personal que Bad Bunny cante en el halftime de la Superbowl.








