La política económica de Milei genera un desplome en el sector, que produce por debajo del 30% de su capacidad por la competencia de productos baratos de Asia
“Todo el mundo cree que en 2001 fue la peor crisis, pero para nosotros esta es la peor crisis que hemos vivido”, dice David Kim, parado en un sector inerte de su gran nave industrial, que ocupa casi tres manzanas en el barrio de San Martín, en la periferia de Buenos Aires. A su alrededor, 12 máquinas de tejer compradas en Alemania en los últimos cinco años —armatostes circulares de tres metros de diámetro y 2.000 agujas cada una, con la capacidad para confeccionar dos rollos de tela cada hora— se llenan de polvo en completo silencio. “Este es el sector donde fabricamos telas de poliéster, pero por la importación ya no hacemos más”, explica. Es miércoles por la mañana y en este lugar no hay ruidos ni movimientos, ni de máquinas ni de personas.
David Kim tiene 42 años, es gerente de la tejeduría Amesud y el hijo de su fundador, Hong Yeal Kim, que emigró de Corea del Sur a Buenos Aires en 1976. Esta planta de 2.700 metros cuadrados y enormes aparatos de última tecnología es el resultado de un largo camino que comenzó con el pequeño taller que su familia montó al llegar al país, en un barrio marginal conocido como la villa 1-11-14. Amesud tiene capacidad para producir 700 toneladas de tela por mes, pero hoy produce apenas 150: funciona al 20% de la capacidad. En los últimos dos años —período que coincide con la presidencia de Javier Milei y su cambio de política económica—, la plantilla de personal se achicó 40%, pasando de 430 empleados a 250. “Y teóricamente tendríamos que seguir bajando plantel, porque no vemos cuándo se termina esto. La semana que viene vamos a empezar con suspensiones, a trabajar solo de lunes a jueves”, apunta Kim.






