El secretario general de la OTAN indigna a varios países por priorizar el elogio a Estados Unidos sobre la defensa del continente europeo ante los ataques y amenazas de Washington
Una Europa que sigue ensayando cuál es la mejor manera de tratar al volátil Donald Trump sabe que, al menos en la OTAN, tiene en su jefe, Mark Rutte, a un político que ha demostrado ser capaz de manejar al impredecible presidente estadounidense, en gran medida con adulaciones públicas sin fin. Pero la estrategia del holandés, que él mismo reconoce que resulta “irritante” para muchos, ha comenzado también a presentar fisuras en una semana en la que varias capitales han sentido que Rutte puede estar yendo demasiado lejos en su apoyo incondicional al inquilino de la Casa Blanca, a costa de los demás socios de la Alianza Atlántica.
French Response ―una cuenta irónica pero oficial de la diplomacia francesa que se ha hecho viral por sus continuas críticas a Moscú, Washington y, ahora también, al secretario general de la Alianza Atlántica― le recordaba esta semana que la OTAN está compuesta por 32 aliados, y no solo por Estados Unidos. El problema, explica el eurodiputado socialista Nacho Sánchez Amor, quien también esta semana le recriminó duramente su pleitesía sin fin a Trump, es que Rutte parece “demasiado convencido, sin poner distancias” con el magnate republicano pese a que este, una y otra vez, amenaza a Europa o relativiza su importancia, como ha hecho con la contribución, que ha costado muchas vidas de soldados, de varios países a las operaciones en Afganistán.







