El patrimonio industrial de esta ciudad del sur de los Países Bajos se han reconvertido en incubadoras de ideas, alojamientos, restaurantes y talleres de artesanos

Para provocar un viaje a Eindhoven, un breve diálogo: ...

–¿Dime un motivo por el que tenga que ir?

–Eindhoven sabe cosas que no creerás.

Visitar esta ciudad del sur de los Países Bajos es como pasar unos días en un futuro que te lo crees. Los coches ni vuelan ni van sin conductor porque la gente va de un sitio a otro andando, en transporte público y, sobre todo, en bicicleta. Los años de bonanza económica gracias a que la empresa de la familia Philips se instaló en la ciudad pasaron y ahora le toca mirar hacia delante. Las pocas veces que Eindhoven echa la vista atrás lo hace por el espejo retrovisor y sin nostalgia. El futuro no es una lotería, esta ciudad tiene un plan. Una estrategia en la que trabajan sus ciudadanos, con el apoyo municipal, empresarial y educativo, por medio del conocimiento, la tecnología y el diseño. En esa estrategia está muy presente la idea de comunidad. Lo que no es beneficioso para la gran mayoría de las personas se descarta. Eindhoven está más próxima a las ideas de Karl Marx que a las de Adam Smith.