La denuncia de dos ministros de tener sus teléfonos infectados por el software israelí revela una trama de contraespionaje interno y convierte en sospechoso al ministro de Defensa
El celular se quedaba constantemente sin internet. Los mensajes de WhatsApp leídos volvían a aparecer como nuevos. El iPhone 15 del ministro de Justicia de Colombia, Andrés Idárraga, empezó a hacer tantas cosas raras que decidió investigar. Ya otras señales le hacían sospechar que le estaban espiando: movimientos extraños, hombres observando sus rutinas y las de sus hijas, el mismo Chevrolet una y otra vez. A Idárraga, que antes de ser ministro investigaba los vínculos de militares con grupos armados ilegales, lo estaban siguiendo. En la calle, denuncia, pero también en el teléfono. Y no con cualquier herramienta, sino con Pegasus, el carísimo software israelí que ha protagonizado escándalos...
de espionaje en países como España, Francia o México. Dos vías distintas, dos vigilancias paralelas. No necesariamente de los mismos actores.
Idárraga activó entonces su propia contrainteligencia para destapar a quienes lo vigilaban, encargó informes forenses que confirmaron sus sospechas y, con todo ese material, entró en el despacho del presidente Gustavo Petro a mediados de diciembre.







