Tras una primera parte frustrante ante el Real Oviedo, el Barcelona mejoró su característica intensidad hasta sentenciar el encuentro con una diana acrobática del ‘10’ azulgrana

La frustración se instalaba en el Camp Nou en su regreso tras 43 días y ocho partidos fuera de casa. El Barcelona estaba encallado en la salida por la presión del Real Oviedo, y delante no encontraba soluciones. Hansi Flick se desesperó en la banda, Dani Olmo golpeó el suelo con el puño, Raphinha suspiró mirando al cielo y Lamine Yamal se quejó al árbitro. Faltaba la presión que tanto caracteriza al Barcelona. “Tenemos muchos partidos, viajes, casi no tenemos días de descanso. El equipo siempre da lo mejor, sobre todo se ha visto en la segunda parte: mucha intensidad, lo que quería del equipo”, justificó Hansi Flick en rueda de prensa.

La que sí tuvo el Oviedo. “Uno, dos, tres…”, le señaló con los dedos el 10 al colegiado, haciendo referencia a la cantidad de contactos y faltas que recibió de los asturianos. En toda la primera parte, el Oviedo cometió 13 faltas y recibió dos tarjetas amarillas. “Esto forma parte del fútbol. No tenían nada que perder, cuesta luchar con esto. Ellos han presionado muy arriba y no hemos jugado bien en la primera parte. No hemos tenido esa confianza”, aseguró el técnico alemán.