Las intervenciones en el Foro de Davos muestran un cambio de actitud de los países europeos, que adoptan políticas de rechazo similares a las de China, la India o Brasil
El trumpismo afronta una creciente oposición a escala global. La semana vivida en el Foro Económico de Davos ha reforzado las filas opositoras, con el viraje de numerosos líderes europeos —incluso en el grupo de la ultraderecha, teóricamente cercano a Trump— que han dejado atrás las habituales actitudes contemporizadoras y optan ya por un firme rechazo ante sus abusos e insultos. Se suman así, aunque no de forma organizada, al lote de países que se niegan a plegarse, como China, la India, Canadá o Brasil.
El refuerzo deriva también de la nueva constatación de que una oposición que provoque turbulencias en los mercados es una herramienta eficaz. Ante la firmeza europea y la agitación bursátil, en cuestión de horas, Trump retiró la amenaza de anexionarse Groenlandia por las malas y la de imponer nuevos aranceles a los países europeos que defienden la soberanía danesa del territorio.
Los ejemplos de la eficacia de una actitud firme acompañada de la capacidad de infligir daño económico estaban a la vista. China opuso el año pasado una firme resistencia a la embestida arancelaria trumpista, activando medidas de restricción de vitales exportaciones de materias primas estratégicas, y consiguió así que la Casa Blanca reculara y optara por una tregua pactada hasta, no de forma casual, las elecciones de noviembre en EE UU.







