Los estudiantes del IES Ana Frank peregrinan por otros colegios a la espera de que acaben las obras del edificio del colegio. Ahora que está terminado, la Comunidad no da fecha de apertura

Marcos Benito y Manuel Gil se graduaron de Bachillerato el verano pasado sin haber pisado nunca su instituto. Nunca caminaron por los pasillos, ni hicieron deporte en el gimnasio, ni se sentaron en el patio a conversar con sus amigos. Sus recuerdos de primero de la ESO a segundo de Bachillerato transcurren entre aulas cedidas en colegios ajenos y compañeros que los miraban como “apestados” por ser de ese instituto fantasma que se llama Ana Frank,

-publico-junta-a-sus-alumnos-con-los-de-otro-colegio-en-pleno-protocolo-anticovid.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/madrid/2020-06-22/el-retraso-en-la-construccion-de-un-instituto-publico-junta-a-sus-alumnos-con-los-de-otro-colegio-en-pleno-protocolo-anticovid.html" data-link-track-dtm="">el único público del barrio Aravaca, que por ahora solo es un grupo de estudiantes y profesores que peregrinan por edificios prestados a espera de que la Comunidad de Madrid inaugure el suyo propio.

El verano de 2019, tanto Marcos como Manuel quisieron apuntarse como alumnos de este recién creado instituto de un barrio de rentas altas de casi 30.000 habitantes que después de 40 años de quejas vecinales tenían el primero de enseñanza pública. Por aquella fecha, la Comunidad de Madrid puso el nombre y dio personalidad jurídica al nuevo centro, y prometió que en poco tiempo construirían el edificio. Mientras, los primeros 38 alumnos se quedaron dando clases en las aulas del CEIP Rosa Luxemburgo, un colegio de la zona.