Junts no anda muy atento a ninguna cuestión internacional y se despoja de lo que convirtió a Convergència en partido central en Cataluña y España

Esta semana Junts ha decidido plantar a Pedro Sánchez en la ronda de contactos que el presidente del Gobierno tiene previsto mantener para hablar de la situación en Groenlandia y de un posible envío de tropas de paz a Ucrania si en un futuro próximo se plantea esa necesidad. La página web de Junts dice que la sectorial de Política Internacional del partido defiende el posicionamiento del partido en cuestiones a nivel europeo en lo que respecta a los valores fundamentales de toda sociedad, como la democracia, la justicia social, el respeto de los derechos humanos, de las minorías nacionales y culturales. Eso será la sectorial, porque lo que es el partido, la verdad es que últimamente no anda muy atento a ninguna cuestión “a nivel europeo”. Junts hace tiempo que se olvidó de Ucrania –otrora una nación hermana– y ningún dirigente destacado del partido ha elaborado la más mínima posición sobre las maneras de afrontar la crisis de Groenlandia, cuyo “derecho a decidir”, a Donald Trump, le trae exactamente al pairo.

Paulatinamente, Junts se va despojando de todo lo que convirtió a Convergència en el partido central de la política catalana y en un activo fundamental en la gobernabilidad de España. La renuncia al europeísmo convergente (recuérdese que en su primera reencarnación después del 3% Convergència se llamó Partido Demócrata “Europeo”) es un eslabón más en una secuencia de renuncias difíciles de entender desde fuera. Apuntalando a Felipe González en el Congreso, pactando la investidura de Aznar en el Majestic o asegurando el Estatuto de autonomía con Zapatero en la Moncloa, Convergència siempre defendió mejorar el autogobierno de Cataluña; ahora Junts anuncia una enmienda a la totalidad contra el nuevo modelo de financiación autonómica pactado por Pedro Sánchez con Oriol Junqueras, cuyo objetivo declarado es proporcionar más recursos a Cataluña y su autogobierno.