Tras el pinchazo de la burbuja de los NFT, artistas, colectivos e instituciones insisten en su expansión a través de otros formatos como la inteligencia artificial

¿Sigue teniendo valor el arte digital tras el pinchazo de la burbuja especulativa? En la última edición de Art Basel, la prestigiosa feria de arte contemporáneo, celebrada en diciembre en Miami, se inauguró una plataforma dedicada al arte digital para impulsarlo. Bajo el nombre Zero 10, rendía tributo a 0,10, la exposición pionera de Kazimir Malévich de 1915 que marcó un punto de inflexión ...

en el arte moderno y con la que se inauguró el suprematismo, el movimiento abstracto ruso. Este espacio dedicado a creadores digitales, que generó durante la feria cierta suspicacia, terminó convirtiéndose en la gran revelación del certamen hasta el punto de pasar a ser el epicentro del nuevo ecosistema del arte digital.

Zero 10 concentró mucha atención, entre otras razones, porque fue el espacio elegido por Beeple, pionero del arte digital y autor de la pieza de arte digital más cara de la historia, para presentar su último trabajo, Regular Animals. El artista estadounidense se reinventó apostando esta vez por la robotización a través de piezas que critican el poder y el capital. Para ello creó perros-robots con la cara de los tres tecnócratas más influyentes del mundo, Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg (que representan el orden imperante en el siglo XXI), junto a otros con la cara de Warhol y Picasso (que dieron forma al siglo XX). La sátira es que Beeple también hizo un perro-robot de sí mismo. De cada modelo había dos piezas a un precio de 100.000 dólares cada una (unos 92.000 euros) y se vendieron todas el primer día. Las imágenes dieron la vuelta al mundo.