Cuando el alcalde del municipio, Rafael Ángel Moreno, fue avisado por el 112 arrancó un dispositivo que reunió a centenares de personas para ayudar a las víctimas del accidente
A las 20.08 del domingo el alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, de 39 años, recibió una llamada del servicio de Emergencias 112 Andalucía. Le avisaban de que un tren había descarrilado 23 minutos antes a las afueras de su municipio. Había poca información más, pero en ese momento comenzó el mayor dispositivo en la historia de esta pequeña localidad cordobesa rodeada de olivos, montes y campos de cereal a orillas del río Guadalquivir. Buena parte de sus 4.000 habitantes se movilizaron desde entonces para rescatar y ayudar a los más de 500 viajeros de los trenes involucrados en la tercera mayor tragedia de la historia ferroviaria de España. El pueblo se volcó con los heridos leves mientras bomberos, agentes de la Guardia Civil y profesionales sanitarios atendían a los más graves en un trabajo que no cesó durante toda la noche.
Tras la inesperada conversación con el equipo del 112, Moreno avisó sus concejales de que algo grave había pasado. “Nos pusimos en lo peor y empezamos a preparar todo para atender a los heridos lo mejor posible”, cuenta Belén Moya, concejal de Seguridad y, también, coordinadora de Protección Civil en la localidad, donde hay apenas una docena de efectivos.










