Las autoridades destacan la “capacidad de adaptación” del gigante manufacturero ante un orden comercial internacional que ha sufrido “un duro golpe”
En 2025, año de intensa guerra comercial con Estados Unidos, China ha mantenido sin embargo rumbo de crucero. Imperturbable, la segunda economía mundial ha crecido un 5%, según los datos provisionales publicados este lunes por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Es exactamente el mismo rendimiento que en 2024 -cuando la batalla arancelaria no existía- y una cifra perfectamente alineada con las previsiones del Gobierno de Pekín, que proyectó en marzo del año pasado una expansión de “en torno al 5%″ del producto interior bruto para 2025. Rara vez fallan la autoridades chinas en sus augurios.
El extraordinario auge de las exportaciones, que dejaron un superávit comercial de más de un billón de euros, el mayor jamás registrado, han compensado una demanda interna que sigue dando muestras de fatiga (el consumo ha crecido al 3,6%), una caída de la inversión (la privada se contrae hasta un 6,5%) y un sector inmobiliario aún achacoso por el pinchazo de la burbuja, con un descenso del 12,6% de las ventas de nuevas propiedades.
A la vez, la gran locomotora manufacturera del planeta ha mantenido su ritmo, y conquistado nuevos espacios. La República Popular sigue centrada en subir peldaños en la cadena de valor añadido, y han destacado, entre otros, los incrementos en la producción de artículos vinculados a los avances tecnológicos, como los drones (suben un 37,3%), impresoras 3D (un 52,5%), robots industriales (28%) y los coches de nuevas energías (25,1%). Este tipo de vehículos ya superan el 50% del total de las líneas de producción.












