El PP intenta en Aragón, Castilla y León y Andalucía apuntalar el hundimiento de la izquierda. Vox se ve ya en La Moncloa. PSOE y Sumar intentan frenar la ola de derecha. Hablan los protagonistas de una catarata electoral inédita.
Como explicaba Giulio Andreotti, que de poder sabía más que nadie, el Gobierno es duro pero mucho más la oposición. Es el presidente quien tiene no solo la iniciativa política, el BOE, las medidas de impacto, sino sobre todo el arma atómica política: la convocatoria de elecciones generales. A la oposición le queda solo un mecanismo propio para debilitarlo: convocar comicios en las autonomías que controla. Ese es exactamente el plan puesto en marcha por Alberto Núñez Feijóo para intentar una cadena de derrotas de la izquierda que acorrale al presidente, Pedro Sánchez, aunque distintas fuentes del Ejecutivo insisten en que, pase lo que pase, el Gobierno va a agotar la legislatura y la gran batalla llegará en 2027.
Hace cuatro años el PP intentó una estrategia similar al adelantar las elecciones en Castilla y León, pero salió fatal. Los resultados no fueron los esperados, Vox se reforzó, y Pablo Casado acabó dimitiendo dos semanas después de esas elecciones, porque Isabel Díaz Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez vieron su debilidad y se lanzaron al ataque denunciando un supuesto espionaje contra la presidenta. Ahí empezó su final.






