A estas alturas de mi vida he descubierto que soy trans. Pasmoso, pero cierto. Para ser exactos, soy transtemporal
Quiero hacer un anuncio importante. Una declaración para mí colosal. A estas dilatadas alturas de mi vida he descubierto que soy trans. Pasmoso, pero cierto. Para ser exactos, soy transtemporal. Antes de seguir, me gustaría dejar bien claro que este texto no encierra ni el más mínimo asomo de burla sobre la transexualidad, que siempre he defendido y apoyado plenamente. Pero es que lo que me sucede tiene curiosos paralelismos con la transexualidad, esto es, con el convencimiento de que no te reconoces dentro de tu aparente identidad. Un sentimiento, lo sé, muchísimo más doloroso para las personas transgénero. Pero lo mío también tiene bemoles.
He descubierto mi transtemporalidad de golpe y porrazo a principios de este mes de enero, en concreto el día 3, que fue mi cumpleaños. Y cumplí, me cuesta confesarlo, se me enredan las palabras en la lengua, me arden en la garganta, me espeluznan, cumplí, ¿lo diré de una vez?, cumplí SE-TEN-TA-Y-CIN-CO-A-ÑOS. Ya está. Ya lo he soltado. Lo he admitido. ¡Pero no lo he reconocido! Ese es el problema. Me resulta absolutamente imposible, y lo digo muy en serio, creerme, sentirme, aceptarme, saberme de esa edad. Hay una disforia total con mi cuerpo septuagenario. No soy así. No soy esa. Por dentro no sé qué edad exacta tengo, pero desde luego sigo siendo joven. En cualquier caso, NO PUEDO TENER 75 AÑOS. Es ridículo. Es obsceno. Es una broma pesada.






