László Barabási cree que las matemáticas de la teoría de cuerdas son ideales para describir los árboles de dendritas que forman nuestras neuronas
Normalmente no me atrevería a escribir sobre esto, pero la realidad que emana de la Casa Blanca, o de lo que queda de ella después de tirar el ala Este para hacer un salón de baile de Luis XIV, es tan exótica, tan angustiosa y taciturna, que incluso las áreas más impenetrables de la ciencia brillan en comparación como planetas en el cielo del ocaso. Así que, si quieres descansar un rato del sueño espes...
o de lo inverosímil, acompáñame en este viaje por las arquitecturas que están trazando las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Tal vez te abran el apetito después de un año de náuseas.
Los físicos tienen fama de gente soberbia, pero lo cierto es que llevan un siglo azorados por lo que en su disciplina se considera un pecado mortal: que no parece haber una física, sino dos. En la escala de los átomos y más abajo rigen los extraños códigos de la mecánica cuántica, donde una partícula puede estar en dos sitios a la vez y los gatos están vivos y muertos al mismo tiempo. Pero las cosas más grandes, como las manzanas, los planetas y el universo entero, obedecen a una legislación distinta, una donde la materia le dice al espacio cómo curvarse y el espacio le dice a la materia cómo moverse, un mundo parsimonioso y elegante por donde nuestra intuición puede navegar sin sobresaltos. Lo llamamos relatividad general, pero eso es lo de menos.






