El escritor recupera la historia de José Manuel Cifuentes, traficante y atracador leyenda de los muy violentos años ochenta y noventa en España

La delincuencia tiene muy buena prensa. Siempre hay avidez por conocer a los que escogen el crimen como escenario principal en este loco circo de mil pistas que es vivir. Es el caso de José Manuel Cifuentes (Madrid, 1968), del barrio de San Blas, amigo del alma —a veces, también enemigo temible— de sucesivas bandas de delincuentes rockers, pelaos nazis, yonquis, falangistas, heavies, punkis o pijos de extrema derecha metidos en el negocio de la c...

ompra, venta y tráfico de droga. Cifuentes, más conocido como El Panamá —de pequeño iba al Colegio Público República de Panamá—, es leyenda de los muy violentos años ochenta y noventa en España, un hombre que lleva su propio mito como una corona y, quizás, alguna vez, en soledad, como un peso muerto.

“Es increíble cómo una cosa tan inocente puede marcarte de por vida, porque mi mote pesa más que mis apellidos y el auténtico ser humano que soy”, le dice a Iñaki Domínguez, en El Panamá. Cifuentes traficaba con costo, con tripis, con coca (con heroína no, era un negocio que despreciaba), pero no se metía nada. Su adicción era la adrenalina que le producía estar planificando o haciendo un atraco. “El peligro es como una droga que acabas por odiar, sobre todo cuando te das cuenta de que puede costarte la libertad y la vida. Pero esa sensación (inimaginable para muchos) que te sitúa en el límite entre la vida y la muerte, entre la libertad y la cárcel, engancha”, le confiesa a Domínguez, también autor de Macarras interseculares (Melusina, 2020), Macarras ibéricos (Akal, 2022) o La verdadera historia de la Panda del Moco (Ariel, 2023).