Si hay un ejemplo claro de la ley de la oferta y la demanda en el mercado audiovisual es el del acuerdo entre Harlan Coben y Netflix
Si hay un ejemplo claro de la ley de la oferta y la demanda en el mercado audiovisual es el del acuerdo entre Harlan Coben y Netflix. Como señala la inevitable Wikipedia: “En agosto de 2018, Coben firmó un acuerdo de colaboración global con la compañía estadounidense Netflix, mediante el cual un mínimo de 14 de sus novelas serían adaptadas como series o películas originales para la plataforma. En el marco de este contrato, el escritor participará en todos los proyectos como productor ejecutiv...
o”. ¡Toma ya! O como diría cualquier ciudadano: un sueño hecho realidad.
En fuga es fruto de ese acuerdo, una colaboración que, naturalmente, no surge ni de la generosidad de la plataforma televisiva ni de la bondad del escritor de éxito, sino de la capacidad de conseguir que el espectador se quede sentado en el sillón contemplando el producto episodio tras episodio.
La trama de ocho capítulos, al menos inicialmente, es sencilla y contemporánea: un padre de familia —James Nesbitt— con un buen trabajo, una buena casa y una familia acorde con el trabajo y la casa ve cómo su confortable mundo se derrumba en un plis plas: su hija se fuga con un novio drogadicto que consigue que su amor comparta la adicción. El padre la busca desesperadamente y poco a poco la serie nos va mostrando ese submundo de camellos cocainómanos y heroinómanos aunque, eso sí, sin regodearse en las habituales escenas en las que impera lo sórdido. Nadie pierde los estribos, incluso los camellos más importantes de Londres son educados y elegantes. Hay violencia y muerte, naturalmente, pero dentro de una mesura.







