Resulta prioritario reactivar los cauces diplomáticos para preservar los derechos de los habitantes de Groenlandia

Tras la agresión sobre Venezuela, Estados Unidos pone su atención en Groenlandia. Las amenazas que se ciernen sobre la isla ártica plantean serios desafíos en una región profundamente tensionada, y es que el Ártico se ha transformado radicalmente en los últimos años: de ser un espacio de ejemplar cooperación ha trasmutado en un espacio de clara tensión y competición geopolítica.

La ofensiva rusa sobre Ucrania ha provocado una ruptura de la cooperación en esta región. Su primer efecto fue la paralización de la actividad del Consejo Ártico. El 3 de marzo de 2022, los Estados árticos occidentales adoptaron una declaración conjunta en la que condenaban la invasión, denunciaban sus repercusiones en esa zona y, pese a reconocer el papel del Consejo Ártico como marco clave de cooperación circumpolar, acordaron suspender la participación de sus representantes en sus reuniones, cuando la presidencia correspondía entonces a la Federación Rusa. Tras concluir esa presidencia, el Consejo ha reanudado parte de su trabajo con la condición de que Rusia no intervenga, pero no puede decirse que haya recuperado la normalidad en sentido estricto. Uno de los efectos más claros ha sido el reajuste de las alianzas en el Ártico y el aumento de su militarización. Después de la agresión contra Ucrania, Suecia y Finlandia ingresaron en la OTAN. De este modo, salvo Rusia, todos los Estados árticos forman actualmente parte de esta organización defensiva. Al mismo tiempo, ha cobrado mayor peso la asociación entre Moscú y Pekín, visible también en el Ártico.