El cineasta estadounidense, poco galardonado a lo largo de su fructífera carrera, se lleva tres trofeos para él con ‘Una batalla tras otra’, que le impulsa hacia los premios Oscar

Durante décadas, Paul Thomas Anderson ha ido muy a su bola, creando un corpus artístico cimentado en dramas con personajes al borde del colapso o al menos atravesando una enorme crisis, posiblemente pertenecientes a una familia disfuncional, o personas solitarias acompañadas por fantasmas del pasado. Y con un aroma formal al Nuevo Hollywood de los setenta. Por eso Una batalla tras otra sirve como compendio de sus virtudes, incluida su propensión a mensajes esperanzadores que incluyan el perdón como redención, aunque en esta ocasión el motor narrativo sea la revolución. Y en las dos tramas, separadas por 16 años de diferencia, triunfan quienes contestan desde la inteligencia al poder. El que sepa leer...

Ese mensaje está arrasando en la temporada de premios. Por cierto, no hay profesión ni arte en los que se entreguen más premios que el cine. Tanto en España (aunque los galardones literarios no se quedan a la zaga) como, sobre todo, en el mundo anglosajón. Y con todo PTA, que ha triunfado en Berlín, Cannes o Venecia, no ha recibido suficiente reconocimiento. Hasta estos días: entre los Critics Choice, entregados el 4 de enero, y los Globos de Oro de la pasada madrugada, a Una batalla tras otra le ha quedado el camino expedito a los Oscar, cuyas nominaciones se votan de mañana lunes al viernes: justo en la gran ola de PTA.