El grupo yihadista y sus filiales mantienen a miles de hombres armados entre Oriente Próximo, África y Asia, en estructuras más autónomas, pero eficaces en la captación de fondos y difusión de propaganda que hacen temer a Occidente

Signo de unos tiempos convulsos, Estados Unidos ha renovado con virulencia su ofensiva contra el grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), en la antigua Mesopotamia y allende los mares. No está solo. “Si dañan a nuestros combatientes, los encontraremos y los mataremos en cualquier parte del mundo”. Este mensaje, en un tono propio del actual equipo de Gobierno, pero inusual entre los militares, fue enviado el sábado por el Mando Central estadounidense. Poco después del mediodía, una veintena de cazas, drones y bombarderos norteamericanos, con apoyo de la aviación jordana, habían lanzado 90 proyectiles contra 35 objetivos del ISIS en Siria. Fue una gran operación contra la organización yihadista. La Administración de Donald Trump busca la venganza por la muerte hace un mes en Palmira, en el centro del país árabe, de tres estadounidenses, dos soldados de Iowa y un intérprete civil.

El mensaje del Mando Central incluyó además entre los objetivos de la ofensiva anti-ISIS el siguiente: “Prevenir futuros ataques”. La autoridad militar estadounidense para la zona de Oriente Próximo y parte de Asia expresó así el temor que mantiene gran parte de Occidente, esto es, que el grupo terrorista, enemigo número uno hace una década, instigador a través de su unidad de atentados en el extranjero (Emni) de matanzas en París, Bruselas, Barcelona o Nueva York, tenga capacidad para motivar a radicalizados a matar en su nombre más allá de sus fronteras.