Seis escenarios, del ataque militar al acuerdo, ante el deseo de la Casa Blanca para hacerse con el control de la isla integrada en el Reino de Dinamarca
“Por las buenas o por las malas”, Donald Trump quiere conquistar Groenlandia, territorio autónomo que desde hace más de dos siglos forma parte del Reino de Dinamarca. En Copenhague, la capital danesa, y en la groenlandesa Nuuk, se lo toman en serio. Se estudian antecedentes históricos (Alaska, Luisiana o las Islas Vírgenes) y paralelismos en otros puntos del planeta (Venezuela, Crimea, las Islas Marshall o Panamá). Se desempolvan viejos tratados. Se elucubra sobre cómo el presidente de Estados Unidos podría hacerse con la isla ártica. Se plantean soluciones. Y la inquietud crece entre las autoridades locales.
“Como dirigentes de los partidos políticos de Groenlandia, de nuevo subrayamos nuestra posición firme: que el desprecio de Estados Unidos por nuestro país debe terminar”, dijeron el viernes el primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, y los líderes parlamentarios en Nuuk. Era la respuesta a las declaraciones más recientes de Trump, quien afirmó: “Me gustaría llegar a un acuerdo, ya saben, por las buenas. Pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”. “Si no lo hacemos”, aventuró, “Rusia o China tomarán Groenlandia”.








