Tenía una capacidad natural para ayudar a los demás, para detectar el talento, para tender puentes entre personas que ni siquiera sabían que necesitaban conocerse
Ángel García Colín ha fallecido este sábado. Fue para muchos un referente profesional; para otros, un amigo leal e inagotable; para quienes trabajaron a su lado, un maestro de vida. Fue la persona que confió en mí, quien me abrió las puertas del Grupo Prisa y me enseñó, con una mezcla única de intuición, generosidad y humor, cómo navegar el mundo corporativo sin perder la humanidad. Su marcha deja un vacío inmenso, pero también un legado luminoso que seguirá ac...
ompañándonos.
Ángel era, ante todo, una gran persona. Tenía una capacidad natural para ayudar a los demás, para detectar el talento, para tender puentes entre personas que ni siquiera sabían que necesitaban conocerse. Era, sin exagerar, el mejor relaciones públicas que uno pudiera imaginar: afable, cercano, ingenioso, siempre atento a los detalles que hacen que alguien se sienta visto y valorado. Tenía un don para conectar mundos, para generar confianza, para hacer que cualquier conversación pareciera importante.
Esa inteligencia emocional tan extraordinaria, que lo distinguía en cualquier entorno, no era fruto de cursos ni manuales, sino de lo aprendido de forma natural en su León natal, en su querida Cistierna. Allí, entre la sencillez, la cercanía y la autenticidad de su gente, Ángel absorbió una manera de estar en el mundo basada en el respeto, la escucha y la calidez. Ese origen marcó para siempre su forma de relacionarse, de trabajar y de vivir.






