La vicepresidenta ha encajado intereses políticos contrapuestos en un sistema que tiene poco que ver con el acuerdo inicial de PSC y ERC y que le permite el contraste de modelos con el PP

La vicepresidenta María Jesús Montero enmudeció el verano de 2024, cuando PSC y ERC pactaron una “financiación singular” para Cataluña que dio luz verde a la investidura de Salvador Illa. Hasta que los 8.700 militantes de ERC avalaron en primarias el acuerdo, el PSOE dejó que los republicanos construyeran un relato que iba contra los principios qu...

e habían defendido siempre y cebaran la posibilidad de que Cataluña saliera del régimen común con un concierto a la vasca. Montero, ministra de Hacienda y número dos del PSOE, guardó silencio mientras su partido (entonces no solo era Emiliano García-Page) se incendiaba a cuenta de un acuerdo que minaba su credibilidad en un debate fundamental para el sostenimiento del Estado del Bienestar.

Ha llovido mucho en año y medio. El PP y García-Page siguen aferrados al discurso de los privilegios de Cataluña, pero el documento que ha presentado el Gobierno para una nueva financiación autonómica se distancia de todo aquello. La propuesta da pista de aterrizaje a ERC para mantener su alianza con Salvador Illa en Cataluña porque ambas partes dicen que no perderá posiciones en el ranking entre lo que reciben y aportan (la “ordinalidad”) pero Montero también da munición a los candidatos del PSOE para defender un modelo de blindaje de los servicios públicos y contrastarlo con el PP.