Actor secundario en el Madrid, el malagueño lidera a su selección con una exhibición de omnipresencia ante Camerún (2-0)

Los defensas de Camerún solo pudieron frenar a Brahim Díaz haciéndole faltas. No dejaron de hacérselas. Una tras otra, pues el malagueño, nacionalizado marroquí, se empeñó en pedir la pelota para iniciar las jugadas lo mismo que para desequilibrar en el último tercio, una vez tras otra, en todas partes, sin descanso en una exhibición de responsabilidad, coraje y habilidad física que transportaron a su selección hacia su primera semifinal de Copa de África desde 2004.

Tiene 26 años Brahim y lleva unos cuantos escuchando que es muy joven, que tiene que esperar su momento, que por delante hay delanteros mejor preparados que él para asumir las pesadas responsabilidades que demanda la titularidad en el Real Madrid. Dicen que él ha escuchado con paciencia, casi con ingenuidad, antes de asumir su rol de madridista secundario, exactamente lo contrario que le reclama el seleccionador y la hinchada de Marruecos, en donde desde hace dos semanas asume con naturalidad el papel de líder indiscutible. Junto con Abde, el extremo izquierda del Betis, que le acompaña en otra la banda, metieron a Camerún en su área hasta superarlo. A los 26 minutos, después de un córner lanzado por Abde, Brahim empujó el 1-0 en el segundo palo.