La expulsión de la población de la capital hacia el área metropolitana aumenta las retenciones en sus accesos mientras los municipios del litoral exigen soluciones al Gobierno
Al despertar cada mañana, Isabel Ruiz abre Google Maps. Señala su casa en Rincón de la Victoria como punto de salida y la Universidad de Málaga, donde trabaja, como destino. El trayecto de la herramienta por la autovía A-7 suele estar plagado de color naranja y rojo, reflejo de circulación densa o incluso detenida. “Cada día hay atascos por algo diferente: una avería, un accidente, la lluvia”, indica la profesora de Relaciones Públicas. “A veces debo salir con más de una hora de antelación
ital/1501847822_151589.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/elpais/2017/08/04/talento_digital/1501847822_151589.html" data-link-track-dtm="">para un trayecto de 20 minutos”, subraya. Su calvario es el mismo que el de miles de personas que se desplazan a diario hasta la capital malagueña desde el área metropolitana. La expulsión de la población desde la ciudad a su entorno, la falta de nuevas infraestructuras y un escaso desarrollo del transporte público están en la base de un problema de movilidad que sufren miles de personas a diario: según el Plan de Infraestructuras del Transporte y la Movilidad de Andalucía (Pitma) de la Junta de Andalucía, el 85% de los desplazamientos entre municipios malagueños se hace en vehículo privado.






