La presidenta inicia la búsqueda de posibles traidores mientras se garantiza la sumisión a Washington
En la esquizofrénica Venezuela de hoy conviven dos discursos. Uno, hacia el exterior del país, lo dejó por escrito Delcy Rodríguez y habla de trabajar “de manera conjunta” con Estados Unidos, mientras se silencia la decisión de Washington de controlar los recursos energéticos y obligar a comprar solo productos estadounidenses con ese dinero; y otro discurso al interior, en el que se concentra el poder ejecutivo y legislativo en una sola familia: los Rodríguez, y acentúa el modelo represivo.
Para los de casa, el mensaje de la nueva presidencia es que nada ha cambiado y que la revolución sigue su paso “más firme que nunca”, que incluye la purga en busca de los cómplices de la sonrojante incursión estadounidense en el corazón de Caracas, que terminó con al menos 56 soldados muertos (venezolanos y cubanos del círculo de seguridad de Nicolás Maduro), según cifras oficiales de Caracas y La Habana: ninguno del otro lado y el presidente en un tribunal de Nueva York unas horas después.
En ese sentido, el chavismo filtró el nombre del primer detenido de peso: el general Javier Marcano Tabata. El militar más cercano a Maduro fue detenido el martes, señalado como uno de los grandes traidores, en su necesidad de exhibir cabezas que expliquen por qué los radares no funcionaron o por qué resultó inútil la millonaria inversión en aviones de combate y sistemas de comunicación que ni siquiera llegaron a ponerse en marcha aquella noche.














