El ascenso mediático del autor de ‘La península de las casas vacías’ no es un golpe de suerte, sino el fruto de dos años llevando su libro y su propio personaje a cada rincón del país
Ayer, el grupo Planeta le concedió el premio Nadal a David Uclés. Por la mañana he ido a nadar. ...
No, lo anterior no es verdad. Dado que la fuerza mediática que ha cogido el nombre de Uclés es colosal, hoy me ha tocado escribir estas líneas nada más levantarme de la cama. Adiós piscina, la actualidad manda. Sin embargo, la tentación de arrancar el artículo con esa frase (parodia de una famosa nota de Kafka en su diario, “hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”) se debe a dos razones: la primera, que el galardón es un episodio más de la guerra editorial en España. Ahora mismo, Uclés no necesita el premio, el empuje de su marca personal se basta para convertir una nueva novela en un acontecimiento, y aunque a los números del Nadal les sentará de maravilla uncirse al carro victorioso de La península de las casas vacías, la auténtica explicación del veredicto estriba en el fichaje de una estrella de la competencia. En este caso, del sello Siruela, donde Uclés publicó su afamada novela. Esto lo sabemos todos y la evidencia ya solo nos provoca la clásica punzadita de escepticismo que los doctores prescriben para estos casos.






