Jorge Torrealba, un caricaturista de 35 años, pudo entrar a la corte de distrito sur de Manhattan y ver al presidente chavista mientras era procesado por el juez
En el cuaderno de tapa negra y hojas blancas, hay un dibujo de una sala de juzgados con cortinas a colores; el esbozo de un señor de avanzada edad, calvo y con lentes; el perfil de un rostro alargado y bigote negro, y la silueta de una mujer de cabello claro. Por muy exagerado que sea el trazo del caricaturista, nadie duda de que se trata del juez nonagenario Alvin Hellerstein, del gobernante venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, todos al interior del tribunal de distrito sur de Manhattan.
Al artista plástico e ilustrador, Jorge “El Niño” Torrealba, no le tocó nunca ver a Maduro mientras vivió en Venezuela, pero lo tuvo a pocos pasos ahora que es un exiliado en Nueva York. “Uno de mis sueños siempre fue hacer caricaturas de juicios, pero jamás pensé que iba a estar, frente a frente, a la persona que nos ha hecho tanto daño a los venezolanos por tantos años”, asegura Torrealba.
Supo hace tres días, como casi todo el mundo, que el lunes 5 de enero iba a tener lugar la audiencia en el edificio Daniel Patrick Moynihan, una imponente construcción estilo neoclásico, a donde los curiosos no vieron entrar a Maduro, ni del que tampoco lo vieron salir, pero donde estuvo el líder chavista desde temprano. Lo sacaron de la prisión de Brooklyn escoltado por agentes federales y lo condujeron junto a Flores, esposados, hasta las manos de la justicia estadounidense.













