El desprestigio de Maduro es tan grande que ha paralizado en todos lados las acciones contra la más grave intervención imperialista de los últimos tiempos
En agosto de 2024, tras las elecciones venezolanas, concluía un artículo en este mismo diario: “Las imágenes de represión en Venezuela —y de un Gobierno que se atrinchera sin siquiera mostrar las actas de su supuesta victoria— constituyen un regalo inestimable para los reaccionarios de todos lados. Un ‘socialismo’ asociado a la represión, las penurias cotidianas y el cinismo ideológico no parece la mejor base para ‘hacer grande al...
progresismo otra vez’”. También se señalaba ahí que “si en el pasado el chavismo fue un activo —material y simbólico— para las izquierdas regionales, desde mediados de la década de 2010 devino cada vez más un peso”.
Para una izquierda que imaginaba años de desamparo político, el chavismo cayó del cielo como un milagro. Que tras la caída del Muro de Berlín, y en medio del llamado “pensamiento único” neoliberal, un presidente latinoamericano hablara de socialismo fue algo inesperado. Chávez podía citar el libro Bolchevismo: el camino a la revolución, del marxista británico Alan Woods —sobre la importancia del “partido revolucionario”— y leer extractos en la televisión. O invitar a pensadores de izquierdas a discutir sus visiones del cambio social en Caracas. En pocas palabras: Chávez abría el debate sobre el socialismo cuando este parecía cerrado.







