La economía y los beneficios han resistido ante las políticas de Trump mejor de lo esperado, mientras las llamadas a la prudencia en las tecnológicas siguen sin cuajar
Los analistas prefieren por lo general pecar de cautos cuando en la recta final del año hacen sus previsiones para el ejercicio siguiente. Hace ahora algo más de doce meses, la prudencia era máxima ante la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos. Existía la posibilidad de una guerra comercial a escala global con efectos inflacionistas, capaz de poner freno a las bajadas de tipos de la Fed y de agravar la debilidad económica de la zona euro. En su apuesta de partida, los analistas sí coincidían en que la Bolsa estadounidense iba a continuar siendo la estrella de la renta variable y en que seguiría adelante el entorno actual de aterrizaje suave, con crecimiento y menos inflación. Pero Trump era un factor imprevisible, como así quedó demostrado pocos meses después.
La realidad ha roto todas las previsiones, tanto en la intensidad del castigo bursátil que supuso el estallido inicial de la guerra comercial como en la remontada posterior. Los expertos sí han acertado en que las Bolsas iban a subir pero no imaginaron el generoso porcentaje de esta subida.








