A lo largo del 2025, la Administración Trump no solo arremetió contra la migración ilegal, sino contra los migrantes que estaban en el país con protecciones humanitarias o algunos tipos de visados especiales

Para 2023, la estimación del Centro de Investigación Pew situaba en 14 millones el total de migrantes indocumentados en Estados Unidos. Para 2024, los republicanos hicieron su campaña electoral sobre los hombros de la promesa de expulsar del país a 20 millones de migrantes ilegales. Para 2025, la cifra —en la que el Gobierno estadounidense y las organizaciones internacionales no se acaban de poner de acuerdo— ya era mucho más alta en el discurso oficial, y el presidente Donald Trump llegó a decir que sumaban 25 millones los migrantes “que no deberían estar aquí”. Entre tantas cifras discordantes e imposibles de verificar, lo que es un hecho a las puertas del 2026 es que la actual Administración ha convertido en indocumentados a 1,6 millones de personas a lo largo de este año, con una engrasada política antiinmigrante que hizo ilegales a los protegidos, quitó documentos a quienes tenían, y está expulsando a los que primero les abrió las puertas.

Ciertas frases se han hecho recurrentes en el oído de la nación: devolverle la “época dorada” a los Estados Unidos, emprender la “mayor deportación de la historia”, o expulsar a “lo peor de lo peor”. En función de esa retórica ha trabajado la Administración republicana. El mismo día de su investidura, Trump firmó una orden ejecutiva que eliminó el programa de parole humanitario, el cual había permitido la entrada al país de 530.000 migrantes desde Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela. De la noche al día, la gente comenzó a recibir en sus bandejas de correos mensajes donde el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) les dejaba claro que no había opción para ellos. “Usted debe salir de los Estados Unidos ahora”, se leía en los comunicados.