El presidente de Estados Unidos recibe al primer ministro israelí, que llega a Florida con la misión de lograr el permiso de Washington para atacar el programa de misiles iraní
El hotel/club/residencia privada Mar-a-Lago está listo para, por segundo día consecutivo, atraer todas las miradas de los expertos en geopolítica con la visita del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Está previsto que el presidente de Estados Unidos, anfitrión en Palm Beach (Florida), donde está pasando sus vacaciones de Navidad, lo reciba a las 13:00 (hora de la Costa Este, seis más en la España peninsular) como recibió el domingo —en otra confusión, habitual en él, entre lo público y lo privado— al ucranio Volodímir Zelenski.
Netanyahu acude a la cita con el que hace tres meses definió como “el mejor amigo que Israel ha tenido en la Casa Blanca” con la misión de comprobar si sigue siéndolo y con cuatro objetivos, según indican las filtraciones de información previas a la reunión. Quiere permiso para poder bombardear Irán de nuevo si Teherán continúa fabricando misiles. Busca autorización para permanecer en la zona de Siria que Israel ocupa militarmente desde el año pasado. Aspira a mantener las cosas como están, sin segundas fases aún, en Gaza, con el control israelí de más de la mitad de la Franja a base de ataques diarios con palestinos muertos. Y pretende forzar el desarme de la debilitada Hezbolá en todo Líbano.














