El empresario mexicano pasó en pocas semanas de las revistas de sociales a las noticias de crimen organizado
Pocas historias como la de Raúl Rocha Cantú, dueño de Miss Universo, resumen tan bien el efecto dominó, la pequeña pieza que cae y desencadena una catástrofe. Todo comenzó en el certamen de Miss Universo de este año, en el que se coronó la mexicana Fátima Bosch. El indignante trato que recibió la modelo de parte del presidente del certamen en Tailandia centró toda la atención en el concurso. En un giro que se entendió como de justicia poética, Bosch triunfó. Sin embargo, un miembro del jurado denunció que Rocha Cantú ejerció presión para orientar el voto a favor de la modelo mexicana. Allí comenzó a derrumbarse la torre de fichas. La prensa comenzó a documentar malos manejos de Rocha Cantú en otros ámbitos, hasta que se descubrió que el empresario llevó una doble vida codeándose con el jet set del entretenimiento internacional mientras traficaba armas y combustible robado en México.
La reacción en cadena incluso contribuyó a la destitución del fiscal general, Alejandro Gertz. Reforma reveló que el empresario no solo estaba involucrado en una trama criminal, sino que se había convertido en testigo colaborador de la Fiscalía, un acuerdo que le daba inmunidad a cambio de información estratégica. Pocos días después de aquella publicación de finales de noviembre, la presidenta, Claudia Sheinbaum, ordenó la salida del fiscal Gertz, a quien ofreció una embajada. Altos funcionarios del Gobierno consultados por este periódico señalan que el malestar desde Palacio Nacional hacia el fiscal se había gestado durante meses, pero que el acuerdo obsequiado a Rocha Cantú fue determinante para el relevo en la Fiscalía. Una de las primeras decisiones de la nueva fiscal, Ernestina Godoy, muy cercana a Sheinbaum, fue, precisamente, anular el pacto de colaboración suscrito con el magnate en la era de Gertz.






