El paquete ómnibus medioambiental reducirá la carga administrativa y facilitará la aplicación de las normas de la UE

La regulación de la regulación se ha convertido en una característica definitoria de la agenda de la Comisión Europea. Durante el último año, seis paquetes ómnibus destinados a simplificar las normas de la UE en una amplia gama de ámbitos políticos han reabierto rápidamente la legislación acordada recientemente. Varios de ellos se encuentran ahora en su fase final, entre ellos el ómnibus sobre medio ambiente,

e-el-impacto-ambiental-de-sus-negocios.html" data-link-track-dtm="">el cual se sometió a votación en el Parlamento Europeo esta semana.

Presentado como un ejercicio de simplificación, el paquete ómnibus medioambiental se enmarca como un esfuerzo por reducir la carga administrativa, armonizar los procedimientos y facilitar la aplicación de las normas de la UE, no una debilitación de la ambición medioambiental. Esa distinción es importante. La simplificación puede ser una ventaja para la transición ecológica. La cuestión es si se está utilizando para aclarar la dirección de Europa, o para ajustarla discretamente bajo presión política.

Esa presión se ha intensificado a medida que los responsables políticos de la UE reevalúan el nivel de ambición normativa que Europa puede mantener en una economía mundial más disputada. El deterioro de las relaciones transatlánticas, marcado por la creciente coacción de Estados Unidos, ha agravado esta tensión. En un artículo reciente, el embajador de Estados Unidos ante la UE argumentó que las normas medioambientales europeas están “matando el crecimiento” e instó al bloque a adoptar la energía barata de Estados Unidos si quiere competir, reforzando así el conocido discurso que contrapone la regulación de la UE a la fortaleza económica.