Una amalgama tóxica compuesta por 61 millones de toneladas de escombros, 100.000 de explosivos y químicos filtrados a la tierra ha destrozado las tierras cultivables, el agua y el aire. Su recuperación tardará décadas, advierten los expertos
La destrucción en Gaza es visible desde la distancia: vastas extensiones de tierra arrasada donde antes había terrenos agrícolas, ahora transformados en un paisaje lunar de profundos hoyos y escombros. Pero la verdadera catástrofe es invisible, se filtra en el suelo, contamina la capa freática y envenena el aire. Los sistemas medioambientales de Gaza se han degradado a tal nivel que el Gobierno y los científicos ahora hablan de ello en términos de ecocidio.
“Lo que ha ocurrido en Gaza es un genocidio medioambiental”, afirma el profesor Abdel Fattah Abd Rabou, científico medioambiental de la Universidad Islámica de Gaza. Habla con la autoridad de alguien que ha pasado décadas estudiando ecosistemas que ahora han sido destruidos. Este investigador, además, ha enterrado a cinco de sus hijos, muertos en los ataques aéreos israelíes durante 2024, y ha sido desplazado del norte a Deir al Balah, en el centro de la Franja.
A su vez, lo que queda del medio ambiente de Gaza es un paisaje transformado. El verde ha sido sustituido por escombros y polvo. El agua está envenenada. El aire está contaminado. El suelo es tóxico. La biodiversidad que sustentaba la vida humana ha sido prácticamente eliminada.







