Cuando llegue al poder, la premio Nobel tendrá que revelar a los venezolanos, sin afán de revancha, qué ha pasado durante estos 25 años de chavismo y que rumbo tomar
“Venezuela se encamina a un proceso de destrucción acelerado”, declaró María Corina Machado a Letras Libres hace más de una década (“Venezuela alerta”, agosto de 2014). Me impresionó su coraje cívico. Había sido citada por el ministerio público para declarar sobre cargos que se le imputaban, desde luego de manera falsa. Y Diosdado Cabello la había privado de sus derechos parlamentarios. Pero cualquiera que leyese esa entrevista tenía claro que María Corina era indomable. Llevaba años de desplegar un activismo de oposición tan contundente que no se detuvo ante el mismísimo comandante Chávez cuando, rodeada de caras escépticas y burlonas, lo interpeló cara a cara desmontando sus mentiras y llamándolo a construir una Venezuela de concordia.
Tenía razón. Para Venezuela, la vida era un viacrucis. ¿Tendría fin, alguna vez? Tras dedicar un libro al estudio del chavismo y empeñar los modestos esfuerzos de Letras Libres en seguir la tragedia de Venezuela, llegué a pensar que la historia se repetía cruelmente. Con la sola excepción de Haití, ningún país iberoamericano, ni siquiera México, había sufrido una devastación similar a la de Venezuela en las guerras de independencia. No obstante, habían sido tropas populares venezolanas las que contribuyeron decisivamente a la liberación de la actual Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. En el camino, Venezuela había perdido una cuarta parte de la población y casi toda su riqueza. Dos siglos después, Venezuela —con una de las mayores reservas petroleras del mundo— estaba en camino de reeditar la misma historia. Nadie acudía en su auxilio.






