Se conocieron en el colegio y hace una década decidieron crear su propia marca de vajillas pintadas. Ahora reciben encargos de Miami o Qatar y constatan el auge del cuidado de este tipo de detalles, tanto en Navidad como en el día a día

El día de Navidad, María José González-Moro organiza comida en casa. Allí se reúnen unas 15 personas, alrededor de la mesa. “Me gustan los platos en tonos verdes y tierras, porque no es lo mismo la vajilla de día que la de noche. Y, dentro de que todo tenga una concordancia, me encanta mezclar, que el plato llano sea distinto del de postre o el de pan”, explica. Lo tiene fácil a la hora de elegir, porque diseña sus propios platos. Molecot, firma que fundó desde hace una década con Juqui Suárez de Lezo y Marta Cotoner, nació como el experimento de unas amigas del colegio —todas son madrileñas y tienen 45 años— que se apuntaron a un taller de pintura en porcelana. “Yo había empezado un poco antes a dar clases con Carmen Muñoz, y luego coincidimos las tres en el taller de Teresa San Miguel y Lucía Corsini y surgió natural”, indica Marta. “Vimos que se nos daba bien y empezamos a tener encargos para amigos, familia y compañeros de trabajo”, recuerda Juqui, “yo tenía que volver a Telefónica [donde trabajaba como abogada mercantil], y ya dijimos ‘Esto hay que profesionalizarlo, está teniendo éxito. Vamos a pensar un nombre que suene bien en varios idiomas”. Y lo idearon jugando con sus apellidos.