Un objeto matemático denominado redes tensoriales permite descifrar la simetría profunda de la materia cuántica, uno de los grandes retos científicos reconocidos en este Año Internacional de la Ciencia y Tecnología Cuánticas

Al pensar en las fases de la materia casi siempre se acude a los ejemplos clásicos: sólido, líquido y gas. En ellos, la temperatura actúa como un hilo conductor que transforma una sustancia de un estado a otro, marcando los puntos de transición, en los que el hielo se derrite o el agua se evapora. Sin embargo, cerca del cero absoluto —donde la mecánica cuántica dicta las reglas del juego y sus efectos son visibles incluso a gran escala— la materia revela un abanico mucho más amplio y sorprendente de fases.

Entre ellas destacan las fases topológicas, en las que las propiedades del material no dependen de su composición o de su estructura local, sino de su topología, una característica global del sistema que permanece inalterable frente a deformaciones suaves (por ejemplo, estirar o aplastar, pero no cortar o pegar). Esto las dota de propiedades de estabilidad, que resultan muy útiles para su uso como memorias cuánticas intrínsecamente resistentes a errores. Además, traen consigo la existencia de cuasi-partículas que no obedecen las reglas de los bosones y fermiones. Por todo ello, el problema de estudiar y clasificar estas fases topológicas de la materia se ha convertido en un problema central en la física matemática.