El nuevo cuento de terror del hijo de Anthony Perkins se mueve entre el ‘folk horror’ y un viaje de setas de la mano de la gran actuación de la actriz Tatiana Maslany
Tras el rosario de muertes espeluznantes de The Monkey, estrenada hace apenas 10 meses, el nuevo enfant terrible del cine de terror,
07-31/como-el-hijo-de-norman-bates-se-ha-convertido-en-el-director-de-moda-del-terror-al-lidiar-con-la-homosexualidad-secreta-de-su-padre.html" data-link-track-dtm="">Osgood Oz Perkins, regresa con sus ambientes locos y malsanos en Keeper, una película en la que un bosque, una casa y una tarta propician algo parecido a un mal viaje de setas alucinógenas que a Perkins le sirve para hablar del amor tóxico con la forma de un oscuro cuento de hadas.
Si su exitosa Longlegs quedaba en parte aplastada por los excesos del personaje diabólico que encarnaba Nicolas Cage, Keeper logra más con mucho menos. Encerrada en una casa, el personaje al que da vida Tatiana Maslany se apodera de la película gracias a la interpretación de la actriz. Entre el candor y la locura, Maslany transmite un inquietante desamparo.
Keeper es la historia de un fin de semana romántico que se retuerce hasta el delirio dentro de una cabaña de estilo minimalista cuya geometría inspira los mejores planos del conjunto. Entre paredes de madera y grandes ventanales, Perkins construye un cuento que se mueve entre la realidad y una fantasía de terror folclórico, tan delirante como angustiosa. El mal rollo habitual de sus películas se condensa en una atmósfera cerrada y claustrofóbica capaz de sumar capas de misterio muy inquietantes.






