Es comida basura hecha televisión, una comedia que se toma tan poco en serio a sí misma como nosotros a ella. Estrena su quinta temporada y sigue siendo deliciosamente absurda

Es tonta, ñoña, repetitiva, llena de tramas sin sentido y personajes abofeteables. Está repleta de clichés y sus protagonistas visten de una forma que jamás haría una persona razonable en la vida real. Emily en París es absurda, y por eso es tan divertida. Ya va por su quinta temporada y confirmamos que sigue siendo tan tonta y tan entretenida como siempre.

sionados.html" target="_blank" rel="" title="https://elpais.com/smoda/moda/cada-mala-critica-a-emily-in-paris-solo-me-da-mas-ganas-de-verla-el-fenomeno-de-la-serie-horrible-que-solo-gana-visionados.html" data-link-track-dtm="">Es comida basura hecha televisión. Y justo por eso, millones de personas caen (caemos) en sus redes cada temporada. Porque a veces una no necesita una serie sesuda, trascendental, profunda. A veces, una solo quiere ponerse delante de la pantalla y no pensar, ver una serie que se tome tan poco en serio a sí misma como nosotros a ella.

Quizá en su primera temporada, cuando los franceses se ofendieron por la representación de ellos que ofrecía la comedia creada por Darren Star (autor, entre otras, de Sexo en Nueva York, Melrose Place y Sensación de vivir), podía tener sentido poner el grito en el cielo, sobre todo cuando no se había visto la serie. Pero pronto quedó claro a qué estábamos jugando. Esta es la historia de una veinteañera de Chicago que se traslada a París para tratar de llevar su mirada digital a la oficina francesa de la empresa de marketing en la que trabaja.