Imagen de archivo de un anuncio de reclutamiento en una calle de Leópolis, Ucrania. EFE/ Rostyslav Averchuk

Marta Garde |

Redacción Internacional (EFE).- La presión que el mandatario estadounidense, Donald Trump, ejerce a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, para que celebre elecciones pese a que el país se encuentra inmerso en pleno conflicto con Rusia se percibe como una coacción que, de materializarse, presenta unas consecuencias políticas inciertas.

Ucrania debería haber celebrado sus últimas presidenciales en 2024, pero tuvo que aplazarlas ‘sine die’ ya que su legislación prohíbe votar en tiempos de guerra.

No obstante, el pasado 9 de diciembre, el líder ucraniano dijo estar dispuesto a impulsar una reforma legal para poder organizarlas sin necesidad de que termine la ofensiva, siempre que EE.UU. y los aliados europeos de Kiev garanticen la seguridad del proceso.