Lo que uno oculta te define muchísimo más que lo que exhibes; esto lo olvida el imbécil dogmático en el que nos quieren convertir a todos, obligándonos a elegir trinchera
Ya saben eso de que la familia en la que nace un escritor padecerá de lo lindo, pues el vínculo con la literatura es más poderoso que el vínculo de sangre. Una de las misiones del escritor, por más que se quiera olvidar en un mundo infantilizado como el actual, es sacudir el avispero. Un personaje que no es contradictorio, que no tiene defectos, que no actúa a veces asociado a la sinrazón, al capricho o a la pasión erótica, no es un personaje, es una patraña. Igual que
/mamas-papas/actualidad/2025-11-16/como-las-redes-sociales-impactan-en-la-autoestima-de-las-adolescentes-y-como-fortalecerla-en-entornos-digitales.html" data-link-track-dtm=""> las personas no son lo que cuelgan en sus redes sociales, sino exactamente lo contrario. Porque lo que uno oculta te define muchísimo más que lo que exhibes. Esto lo sabe el niño de siete años cuando comienza a comprender de verdad quienes son sus padres. Pero lo olvida el imbécil dogmático y cretinizado en el que nos quieren convertir a todos, obligándonos a elegir trinchera y a renunciar a un criterio mínimamente personal en favor de las olas de entusiasmo o linchamiento que canalizan nuestro gusto y nuestras afinidades yo no tan electivas.






