Los sindicatos piden a la Inspección de Trabajo que investigue si el uso de la ETT por parte de los matadores del Grupo Jorge cumple con la legalidad

Si hay un trabajo verdaderamente duro, este es el del empleado en un matadero. Sobre todo porque a las intensas condiciones físicas y mentales, se le añadieron durante muchos años unas condiciones laborales muy precarias, en las que abundaba el fraude y la explotación, y que ahora el brote de peste porcina africana (PPA) que ha aparecido en el monte de Collserola (Barcelona) vuelve a hacer aflorar

bajadores-de-mataderos-de-osona-barcelona-por-la-crisis-de-la-peste-porcina-africana.html" data-link-track-dtm="">con un ERTE para 458 trabajadores en cuatro mataderos de la comarca de Osona. En los mataderos, salas de despiece y elaboración de productos cárnicos —especialmente en los primeros, donde la gran mayoría de trabajadores son inmigrantes con necesidades económicas acuciantes y muchas veces poco o nada organizados sindicalmente, sin dominio del idioma ni conocimiento de sus derechos— las grandes empresas del sector en toda España usaban las figuras de la falsa cooperativa y los falsos autónomos, hasta que la presión de los sindicatos y las multas de la Inspección de Trabajo obligaron a desmantelar el fraude, ya antes de la pandemia. Desde entonces el sector, explican los sindicatos, ha cambiado mucho y las empresas generalmente cumplen con la legalidad. Pero la precariedad sigue siendo alta y persisten prácticas dudosas.