Bruselas ha impuesto a las plataformas digitales multas que rondan los 4.000 millones en el último año

Las declaraciones que llegan desde el otro lado del Atlántico son, por sistema, estruendosas. “Es asquerosa”, clamaba hace una semana el mismo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en referencia a la decisión de la Comisión Europea de multar a X con 120 millones de euros tres días antes. Estos comentarios, desde Bruselas, suelen quedar sin respuesta directa. Queda en manos de los portavoces dar una réplica cas...

i administrativa, de perfil bajo. Pero entre tanto, el Ejecutivo de la UE, especialmente en Competencia, va haciendo camino. Solo un ejemplo: en septiembre de este año, Google recibió la segunda multa más alta de la historia de la UE: 2.950 millones por abusar de su posición de dominio en el negocio de la publicidad digital.

Ya en el mismo día de la toma de posesión de Donald Trump en la Casa Blanca, el pasado enero, se observó la cercanía entre los magnates tecnológicos y el presidente retornado a Washington. Pronto llegaron las advertencias de sus colaboradores más cercanos. En febrero, J. D. Vance lanzó una amenaza clara en París: “Algunos Gobiernos extranjeros están considerando apretar las tuercas a las empresas tecnológicas estadounidenses con presencia internacional. Estados Unidos no puede y no aceptará eso”. La última amenaza, en suelo europeo, llegó de los máximos responsables de Comercio, Howard Lutnick y Jamieson Greer: si la UE quería resolver los asuntos pendientes de la guerra comercial (acero y aluminio), tenía que avenirse a descafeinar sus leyes digitales.