Los sondeos preelectorales muestran un panorama nada halagüeño para Junts, y lo hacen de forma tan clara y persistente como para que, por sí solos, le basten a la derecha catalana para negarse a cualquier adelanto electoral
Cuando el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se trasladó a Barcelona para pedir a Junts, a través de la patronal catalana Fomento, que apoyara una moción de censura parlamentaria para derribar al Gobierno de Pedro Sánchez, se rompió un tabú vigente desde 2017....
Aunque en el estilo ambiguo que le caracteriza, el máximo dirigente del PP daba por supuesto que si Junts atendía su petición se pondría fin a la guerra entre ambos partidos. En buena lógica, eso debería significar como mínimo la aceptación por el PP de la Ley de Amnistía, el fin de sus maniobras contra la utilización en las instituciones europeas del catalán y demás lenguas oficiales de España y el abandono de las políticas contra el catalán en Valencia y Baleares.
Nada de eso fue ofrecido por Feijóo, al menos que se sepa. Y como que el rechazo del partido de Carles Puigdemont fue inmediato y rotundo, no se dio la oportunidad de conocer hasta dónde es capaz de llegar el PP en una negociación con Junts. A la inversa, tampoco se ha podido saber cuál es el precio que, dado el caso, Junts pondría a sus siete votos en el Congreso si el beneficiado fuera un partido de su cuerda ideológica como el PP. Lo que vemos casi cada semana es que a la portavoz parlamentaria de Junts, Míriam Nogueras, le encanta plantear las relaciones políticas de su partido con el PSOE en términos de precio.






