Si Junts si quiere volver a ser la derecha moderada catalana, como en tiempos de Pujol, tiene que saber jugar con los dos bandos

Mucho ruido y pocas nueces: la plantada de Junts al gobierno de Pedro Sánchez, sonoramente escenificada por Miriam Nogueras, ha coincidido en el tiempo con la claudicación de Feijóo ante Abascal, después de la catastrófica gestión del presidente Mazón. La lectura fácil es situar a los dos acontecimientos en la línea dominante en la escena europea de desplazamiento de las der...

echas hacia la extrema derecha. Y, por tanto, leerlo como anuncio de un cierto reagrupamiento de las derechas.

Que Feijóo reconoce la incapacidad del PP de imponer la hegemonía es evidente y las consecuencias son obvias. Pero en el caso de Junts es algo distinto: ruido para demostrar que se sigue existiendo. Y presumir de una autonomía que hay que demostrar. No dudo que las pulsiones derechistas están más instaladas que nunca en el nacionalismo conservador catalán que después del fracaso del procés se ha desprendido casi en silencio de los sectores procedentes de la izquierda que se incorporaron en el momento de la apoteosis rupturista. Pero a medida que se va saliendo de la resaca de aquella crisis y que, en Cataluña se ha entrado en un período de contención, el gesto de alejamiento de la actual mayoría de gobierno es más simbólico que real, porque Junts si quiere volver a ser la derecha moderada catalana, como en tiempos de Pujol, tiene que saber jugar –como hizo el expresidente- con los dos bandos. Por tanto, ni puede entregarse a la derecha, aunque a algunos se lo pida el cuerpo, ni puede cerrar todas las puertas con los socialistas, porque habrá momentos en que se necesitarán. El ruido es simplemente subir el tono con la pretensión de ganar pegada negociadora. Y que cada una de las partes sepa que Junts puede acercarse a una u otra según convenga. El problema es que Junts no vive un momento óptimo para ejercer sin riesgo este doble juego. Por ejemplo, no tiene la Generalitat, que es su gran instrumento.