El exjugador de baloncesto lucha por su vida a los 47 años tras ser diagnosticado con un glioblastoma, uno de los tumores cerebrales más letales

Jason Collins se casó el pasado mes de mayo con su pareja, Brunson Green, en una ceremonia en Austin, Texas, “que no podría haber sido más perfecta”. El exjugador de la NBA, el primero en desvelar su homosexualidad cuando todavía estaba en activo, disfrutó de uno de los momentos más especiales de su vida un par de meses antes de recibir la devastadora noticia: uno de los cánceres más letales y agresivos que se conocen, un glioblastoma en fase 4, habita en su cerebro. “Debido a que mi tumor es irresecable, al tratarlo únicamente con el tratamiento estándar (radiación y temozolomida), el pronóstico promedio es de entre 11 y 14 meses de vida”, comparte ahora. Acaba de cumplir 47 años.

Ya en septiembre, la familia de Collins mandó un escueto comunicado para explicar que el exjugador tenía un tumor cerebral. “Fue intencionalmente difuso, y lo hicieron para proteger mi privacidad mientras estaba mentalmente incapacitado para hablar por mí e intentábamos entender con qué estábamos lidiando”, recuerda en una entrevista con ESPN. El exjugador, un gran aficionado al tenis, se dio cuenta de que algo no iba bien cuando fue a hacer la maleta para hacer su procesión anual hacia el US Open. Amigos y familia se preguntaban si quizás había sufrido un ictus ante su actitud errática. Apenas bastaron cinco minutos de TAC para que los doctores se dieran cuenta de la dimensión del asunto y le mandarán de urgencia al departamento de oncología.