Demasiado negros para los latinos y demasiado latinos para los afroamericanos, la comunidad afrolatina de Boston comienza a ver los frutos de décadas de activismo contra la invisibilización histórica
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Mucho antes de convertirse en la primera concejala afrolatina de Boston, Julia Mejía era Julia Melania Mejía Peña, una niña de cinco años que emigró de la República Dominicana a Massachusetts, en el noreste de Estados Unidos. Llegó con sus dos nombres y sus dos apellidos, pero con el tiempo fue deshaciéndose de ellos. “No quería que nadie supiera quién era, de dónde venía”, recuerda. Solo quería integrarse, aunque implicara suprimir su afrolatinidad, algo que no lograría recuperar hasta décadas después.
Con su piel morena y su pelo afro rizado, Mejía nunca se sintió acogida por la comunidad latina de la ciudad. Recuerda que su escuela estaba dividida entre los latinos y los afroamericanos, y que ella siempre eligió estar del lado afroamericano porque era el que la aceptaba. Pero aunque esa comunidad la abrazaba, era a cambio de renegar de su identidad: no podía ser negra y hablar español a la vez. Así que poco a poco fue ocultando esa parte de sí misma.






