Es muy difícil construir un equipo de autor en el Bernabéu, mear con la tuya, como diría Guardiola. Y eso no es bueno ni malo en sí mismo, es solo la historia del club
Pep Guardiola, experimentado samurái de las ruedas de prensa en el Bernabéu —ya saben, el puto amo, Xosé, cuál es tu cámara…—, le aconsejó el martes a Xabi Alonso que mease con la suya. “Y como no mea colonia, lo hará bien”, redondeó luego. Ya tenéis el titular, dijo a los periodistas de Madrid, a los que años antes, en esa misma sala, había bautizado como Central Lechera. La realidad, sin embargo, es que todo lo escatológico mezcla mal en el título. Y, además, no estaba claro para quién iba el bofetón. ¿Con cuál se suponía que había meado...
Alonso hasta ahora? ¿Con la de Florentino, quería decir Guardiola? En todo caso, vistos los primeros compases del partido, dio la sensación de que Xabi le hizo caso a su maestro y echó mano de su propia fisiología para afrontar el encuentro. Sin Mbappé, fundamentalmente. Presionando arriba, con Carreras convertido en Cafú.
Más allá de la metáfora, de semiótica y escatología muy catalana, cuando el árbitro pitó la media parte, no había manera de determinar ya con la de quién meaba cada cual. Xabi lo intentó los primeros minutos. Pero no se dio cuenta de que en ese momento Guardiola, que se había pasado la rueda de prensa recostado para atrás, crecido como solo lo hace cuando va al Bernabéu, ya estaba meando con la que suele hacerlo el Madrid. O sea, a la contra, con un poco de suerte, sin jugar a grandes cosas. Ganando sin terminar de merecerlo todo el tiempo. Y cuando eso no salía bien, meando con la de Doku, una de sus estrellas, ese extraordinario extremo belga que se sacó de la manga Txiki antes de irse. Porque si uno prescinde de relatos baratos de autoayuda, puede encontrarle enormes ventajas a recurrir a la de otro para determinadas empresas.






