Seguir soñando con el vínculo trasatlántico como garantía de seguridad supone malgastar un tiempo precioso
Es imposible no alarmarse ante la publicación de la nueva Estrategia Nacional de Seguridad (ENS) de Donald Trump cuando, al tiempo que en un repetido gesto de equivocado apaciguamiento Kaja Kallas muestra su acuerdo con muchas de las críticas vertidas en sus 33 páginas contra la Unión Europea, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirma que
nacional/2025-12-08/rusia-celebra-el-plan-de-trump-para-fragmentar-la-union-europea.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-12-08/rusia-celebra-el-plan-de-trump-para-fragmentar-la-union-europea.html" data-link-track-dtm="">“es consistente con nuestra visión” y sirve para “restablecer la estabilidad estratégica con Rusia”. Una alarma que también deben compartir todos los países del continente americano, ante el reforzamiento de la doctrina Monroe que plantea Washington, con el añadido de un Corolario Trump que ahora mismo tiene a Venezuela en el punto de mira.
En relación con América, destaca el declarado interés por evitar la injerencia de sus rivales en una zona que ya desde antiguo considera propia, sea China —con su enorme potencial comercial, financiero y tecnológico— o Rusia —con armas y mercenarios, además de desinformación y propaganda—. Con esa intención, sin olvidar los planes para cerrar las fronteras a sus vecinos y garantizar el acceso a minerales críticos y el control de las vías marítimas (con Panamá a la cabeza), la ENS coloca al resto del continente como la máxima prioridad de los próximos años.






